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De ejemplo, nada

De ejemplo, nada Escrito por Miguel Angel Aguilar
EL PAIS - 22/02/05

La noche del domingo, cuando culminaba el recuento electoral del referéndum sobre el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, la televisión francesa TF-1 quería saber si los españoles se sentían un ejemplo en la carrera para la ratificación en tanto que protagonistas de la primera consulta popular.

Fue preferible desengañar a los colegas aduciendo el mal recuerdo que evoca en la memoria pública esa figura histórica de "ir de ejemplo".

De eso fuimos cuando, como compendiaba Menéndez y Pelayo, hicimos residir nuestra grandeza y nuestra unidad en ser "luz de Trento y martillo de herejes" con el resultado conocido.

Es recomendable que nos abstengamos de posar de ejemplo, de mártir en el Japón, o de decorativos, actitud sobre la que ya nos previno Rafael Sánchez-Ferlosio en su libro Vendrán más años ciegos y nos harán más malos.

Escribía allí a propósito de los reportajes de ciertas fiestas en las que le sorprendía ver, entre una mayoría de carcamales y bujarrones, un notable número de señoritas guapas y jóvenes como elemento de decoración. Ese fenómeno le llevaba a recomendar a las señoritas que no se dejaran invitar de decorativas.

Lo hacía en un párrafo contundente, que concluía así: ¡Conmigo tendrían que venir a dar con semejante género de invitaciones, si yo fuese una rubia de 25 años y no la imagen misma de lo indecoroso. "¡De decorativa, sería mi respuesta, la va a sacar a merendar usted a su puta madre!".

En esa línea figuraba el invariable consejo de las madres cuando alguno de los suyos era llamado al servicio militar: hijo mío, no te signifiques.

Por ahí andaba también don Miguel Unamuno, al que tan mal se interpretó, con su preferencia de "que inventen ellos". Pero, en todo caso, nuestro referéndum del domingo ha sido el primero de los diez que se celebrarán para la ratificación del Tratado Constitucional y debe reconocerse que ha supuesto un rotundo sí de España, con un 77% de votos favorables frente a un 17% de votos contrarios.

Enseguida hay que anotar que la participación sólo fue del 42,34% del censo, muy similar a la de las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2004, cifrada en el 45,10%. Un porcentaje que supera la media aritmética del 41% obtenido en dicha convocatoria para los escaños del Europarlamento en los países donde el voto no es obligatorio.

Acéptese, en todo caso que, si nadie la propugnó, nadie queda en condiciones de apuntarse la abstención en su propio haber. Tampoco quedan claros otros apuntes como los del no pretendidos por Gaspar Llamazares porque ni siquiera la dimensión del servicio doméstico, de los mecánicos que ahora llaman conductores y de los empleados de jardinería serviría para explicar ese más del 30% de papeletas con el no en una urbanización tan exclusiva como La Moraleja.

Algo habrán tenido que ver los socios parlamentarios del Gobierno de Zapatero -Esquerra Republicana de Catalunya e IV-IU- en el plus contabilizado del no en Cataluña, y los compañeros del abertzalismo radical en los resultados del País Vasco.

En cuanto a Galicia, es interesante anotar que la recomendación del BNG empeñada en el no ha carecido de efecto relevante alguno porque apenas se ha computado un 12% de esas papeletas, frente a un 81% de las que llevaban el sí.

Además, se registró una participación del 43%, muy superior, por ejemplo, a la contabilizada en el referéndum sobre el Estatuto de Galicia, celebrado el 21 de diciembre de 1980, donde sólo votó el 28,26% del censo.

¿Estaremos ante un signo premonitorio de los resultados esperables, con deterioro del BNG, en las elecciones para el Parlamento de Santiago y para la correlativa presidencia de la Xunta, que tienen como fecha tope octubre próximo?

Así que menos lobos Caperucita. Ni el Gobierno de ZP tiene tantos motivos para el contento con la participación registrada, ni el PP de Rajoy tantos motivos para la censura ante un abstencionismo del que le caben graves responsabilidades, ni tampoco los paladines del no pueden apropiarse de unos resultados más bien magros y que aparecen trufados de castigadores de la derecha e impregnados de olor a sacristías varias.

Otra cosa es que Europa agradecida nos haga sus reconocimientos y que vayamos a dejar a Bush en Bruselas con un palmo de narices mientras los colegas de Zapatero le feliciten
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